LA GOTA Y EL PIE

La gota, de James Gillray (1799). El artista ilustró el enorme dolor y la inflamación que caracterizan al ataque agudo de la enfermedad.

La gota es una enfermedad metabólica que se caracteriza por provocar cristales de urato secundarios a hiperuricemia. En el pie se manifiesta por artritis gotosa en las articulaciones o el tofo gotoso en el pie.

ARTRITIS GOTOSA

La artritis gotosa es una enfermedad metabólica caracterizada por cantidades anormales de urato en el organismo. La enfermedad suele empezar de forma aguda en una sola articulación y al cronificar se hace deformante llegando con el tiempo a afectar a más articulaciones.

Es más común en hombres mayores de 40 años. Tiene más prevalencia en el sexo masculino debido a que tiene niveles de urato más altos en sangre que la mujer.

Esta enfermedad es debida a un exceso de uremia en la sangre (hipeuricemia). Puede ser primaria o idiopática, o secundaria a medicamentos como diuréticos u otras enfermedades como la enfermedad renal crónica.

Es más frecuente en hombres mayores de 30 años y en mujeres postmenopaúsicas.

La simple existencia de hiperuricemia no implica padecer gota.

La enfermedad se caracteriza por provocar depósitos de cristales de urato que actúan como un cuerpo extraño. Al ser un cuerpo extraño provoca una inflamación en la membrana sinovial de las articulaciones (la membrana sinovial es un tejido que recubre el interior de las articulaciones móviles, con el fin de producir un líquido gelatinoso que disminuye el roce entre el cartílago y las otras estructuras del interior de la articulación. Por lo cual, se puede lograr disminuir la presencia de lesiones como la artrosis, artritis y la sinovitis).

TOFO GOTOSO

El tofo gotoso se localiza en el cartílago, tejido subcutáneo y periarticular, tendones y huesos, etc.

Es una patología que está relacionada con otras patologías denominadas Síndromes metabólicos (son aquellas patologías como consecuencia de alteraciones metabólicas de las grasas y los hidratos de carbono). Entre aquellas patologías podemos encontrar:

  • Hipertensión arterial.
  • Obesidad.
  • Diabetes.
  • Dislipemias
  • Aterosclerosis.

El curso de la enfermedad sería el siguiente: primero se produce una hiperuricemia asintomática (es decir, no la notamos) seguida por un ataque agudo, después un período sin síntomas (gota intercrítica) y, por último, se produce el tofo por una gota crónica.

La enfermedad de manifiesta inicialmente en forma de ataques o crisis de artritis aguda. Es un inicio repentino y frecuentemente nocturno (en la noche la temperatura corporal disminuye, lo que facilita la precipitación de cristales de urato) tras transgresiones dietéticas (comidas copiosas con alimentos ricos en purinas como el marisco y la cerveza), cirugías, infecciones, diuréticos o a veces sin desencadenante aparente. Se produce un dolor intenso y signos inflamatorios evidentes (piel tensa, caliente y muy enrojecida).

La articulación más afectada es la primera articulación metatarsofalángica (la conocemos más comúnmente porque esta articulación se deforma en el juanete). Al ser la articulación más grande y alejada del cuerpo está más fría pero a la vez hay más circulación por su gran tamaño, por tanto, al haber más circulación llega mejor el urato y al ser más alejada y más fría precipita el urato de cristales.

Puede haber fiebre y durante la recuperación es frecuente la descamación y el prurito (picor). Los signos inflamatorios desaparecen y se sigue con un período sin síntomas siendo éste el período intercrítico que puede durar meses o incluso años. Todo ello es debido a que la alta temperatura de la inflamación hace que los cristales de urato se disuelvan.

Tras varios ataques puede aparecer los tofos y, con el tiempo, la artritis de hace crónica. En ella los ataques son más largos y los períodos intercríticos van despareciendo, los signos inflamatorios son más leves pero aparece la impotencia funcional y las deformaciones. El tofo no suele doler, solo duele cuando comprime un nervio.

Durante un ataque de gota se debe guardar reposo, frío local y elevar el pie. Usar calzado adecuado, evitar el alcohol y las transgresiones dietéticas. También se debe proteger la articulación (evitar golpes o traumatismos) y evitar temperaturas bajas en los pies.

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