Fracturas de estrés: ¿qué es?

Seguramente habrás escuchado alguna vez hablar sobre fracturas de estrés, sobre todo entre los deportistas. Pero… ¿sabes lo qué es?

Para entender que es, primero hablaremos de la estructura del hueso para entender porqué se produce este problema. El hueso o tejido óseo de nuestro organismo es de naturaleza sólida desempeñando una función fundamental para el ser humano: sostener nuestras estructuras o tejidos interiores además de permitirnos mantener una posición erguida y la función de la marcha. También hay que destacar que el tejido óseo es capaz de adaptarse a las variaciones de las tensiones mecánicas a las que es sometido, no tiene una estructura fija desde el nacimiento, además de renovarse continuamente

Pero, cuando nuestro tejido óseo no es capaz de acomodarse a la magnitud y ritmo de estos cambios, es cuando se producen las lesiones que llamamos fracturas de estrés. Es un tipo de fractura que se conoce por diversos nombres: fracturas de fatiga, fracturas por sobrecarga, fracturas por agotamiento, fractura por insuficiencia ósea… y muchos más.

Las fracturas normales, como todos sabemos, se producen por un traumatismo brusco e intenso, lo que provoca que el hueso se fisure o se rompa. Pero en las fracturas de estrés no ocurre lo anterior, sino que son el resultado de lesiones microscópicas mantenidas en el tiempo: un hueso continuamente está sufriendo microtraumatismos en su interior ya que continuamente está recibiendo cargas que no podrían romperlo jamás pero con el paso del tiempo, si el hueso sigue recibiendo este ciclo repetido, estas pequeñas cargas generan lesiones pequeñas que su acumulación pueda conllevar a afectar a la estructura del hueso y, por tanto, provocar una fisura o fractura del hueso afectado. 

En general una fractura ocurre cuando la resistencia del hueso es inferior a la presión que recibe, pero una fractura de estrés ocurre incluso si la fuerza aplicada es inferior a la resistencia del hueso o tejido óseo. Es decir, la fractura de estrés es el resultado de repetidas lesiones en un punto fijo del hueso y no se asocia a ningún traumatismo agudo, como explicamos en el párrafo anterior. Tradicionalmente, las fracturas de estrés se han clasificado en dos tipos:

  • Fracturas por fatiga: causadas por una carga anómala en el tejido óseo sano. Son las más habituales en la población activa y se producen en diferentes partes de nuestro organismo en función de la edad, el sexo y la actividad del deportista. También hay identificados una serie de factores que condicionan su aparición:
  1. Factores intrínsecos como una mala alineación anatómica de los pies (hiperpronadores, insuficiencia del primer metatarsiano, hallux valgus, sesamoideos retrasados, pie cavo rígido, metatarso adducto, varo acentuado y tendinitis del tibial posterior) o desequilibrios biomecánicos asociados a diferencias de longitud de las extremidades inferiores.
  2. Factores extrínsecos como en uso de un calzado desgastado o inapropiado al no tener un buen almohadillado para absorber la fuerza de impacto procedente del suelo (no solo en deportistas, sino también el uso de calzado con tacón alto, ya que toda la carga va a la parte delantera del pie), cambios en la superficie de práctica del deporte o cambios en la intensidad o tipo de ejercicio.
  • Fracturas por insuficiencia: son debidas fundamentalmente a la debilidad ósea y surge por la aplicación de una carga normal a un hueso que presenta debilidad debido a la carencia de minerales o falta de resistencia. Aparecen normalmente en personas de edad avanzada y las causas que pueden provocar su fragilidad son las siguientes: osteoporosis, osteonecrosis y otras patologías que provoquen la debilidad del hueso. Otros factores de riesgo pueden ser la anorexia nerviosa, deportistas de alto rendimiento, enfermedades hormonales o ciertos fármacos (corticoides en periodos prolongados, fármacos antiepilépticos…)

En el ámbito donde es más habitual este tipo de fractura es en el ámbito deportivo, sobre todo en personas que realizan ejercicio de forma ocasional o empiezan a hacer ejercicio sin ningún tipo de asesoramiento, muy común hoy en día. También es común en personas mayores debido al debilitamiento del tejido óseo o en mujeres que lleven habitualmente un tacón alto en su vida diaria.

El principal síntoma de estas lesiones es el dolor, pero no aparece de forma brusca como el dolor de una fractura por un traumatismos fuerte. Se trata de un dolor localizado sobre una superficie ósea que está relacionado con un incremento o cambio de la actividad física. Puede aparecer un dolor inicialmente insidioso, moderado o agudo, de naturaleza mecánica (con el movimiento) y cuya intensidad se acrecienta si el esfuerzo se reanuda, conduciendo a una auténtica impotencia funcional que obliga a andar sobre el talón o el borde externo y cede con el reposo. Los síntomas se presentan durante dos o tres semanas, pero puede evolucionar hasta cinco semanas o más. Una complicación de este tipo de fractura es la aparición de otra en el otro pie debido a transferencia de las fuerzas mecánicas hacia el pie sano y no doloroso.

La localización de las fracturas en el pie puede ser en cualquier hueso que componga la estructura del pie siendo clasificadas del siguiente modo por el Dr. Villadot:

  • Fractura de estrés genuina (hueso normal): ocurre en el astrágalo, calcáneo, escafoides, cuboides y en la base del quinto metatarsiano.
  • Fractura de estrés causada por alteraciones biomecánicas: ocurren en los metatarsianos y en los sesamoideos.
  • Fracturas de estrés patológicas: ocurren en el trígono del astrágalo, la epífisis del calcáneo, escafoides del adulto, cuñas, sesamoideos y falanges. 

La localización más frecuente en el pie son los metatarsianos siendo los más frecuentes el segundo y el tercero afectando al tercio medial o distal de su diáfisis. Algunas veces aparece en el cuarto siendo excepcional en el primero y en el quinto.

Para su diagnóstico, es difícil debido a que en las primeras semanas es imposible verlas mediante una radiografía, apareciendo la fractura a los 7-10 días. A veces, debido a la dificultad de localizarlas, también es necesario realizar TAC, resonancia magnética o gammagrafía ósea.

En cuanto al tratamiento, el mejor es su prevención.  Por otro lado, su tratamiento difiere según su riesgo: la mayoría de estas fracturas son de riego bajo por lo que un reposo entre 4 y 6 semanas seguido de un gradual aumento de la actividad es suficiente, en el caso de las fracturas de alto riesgo  se suele requerir una intervención quirúrgica.

Y recuerda, ante cualquier duda, acude al podólogo.

Si necesitas un información más ampliada, tienes el siguiente enlace:

Y, especialmente para los deportistas, aquí os dejo otros dos enlaces para que os sea más fácil entender que es una fractura de estrés con explicaciones más sencillas que la anterior:

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s